Quien no ha sufrido las indormibles noches que traen los días previos a un examen? Quien no ha gozado del quedarse hasta las tres de la mañana (como "buen estudiante") revisando apuntes, leyendo pies de páginas, aprendiendo doctrina y jurisprudencia que, muy probablemente, jamás en tu vida volverás a ver o analizar o tratando simplemente de maquinar una idea de forma tal que ese día el profesor o los encargados de cuidar el examen tengan un "accidente" que les imposibilite llegar a tiempo?
Así pues, los exámenes finales forman parte de la divertida y a veces tediosa vida universitaria. Son el resultado de largas horas de clases magistrales, escuchando a profesores cogitar sobre temas (en mi caso) jurídicos que acaecen en el diario devenir de la vida profesional; de horas de trabajos dirigidos, en donde las personas a cargo explican al detalle la forma correcta (para el profesor) de resolver un conflicto jurídico creado en la vida real, o a veces también divagan tanto o más que el profesor solo para querer aparentar ser académicos respetados en el medio. En fin, una mezcla que produce sentimientos de alegría por el pronto fin del semestre académico y preocupación por no saber tal vez lo suficiente como para agradar al evaluador.
Es así entonces que me encuentro, y es por esa razón además por la que me he pasado un día del semanal post que me comprometí conmigo mismo a hacer, porque creo haber olvidado mencionar de este retorno que el blog será un blog semanal, teniendo el miércoles como día de reflexión sobre distintos temas de interés diverso.
En todo caso, aquí está ante ustedes la razón de mi ausencia. Y para amenizar un poco el ambiente aquí les dejo un video que llamo mi atención cuando revisaba el diario en virtual. Los animales si que pueden arrancarte una sonrisa.
Que tengan todos una buena semana.
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