Una cerveza enlatada en la mano izquierda (como buen zurdo terco), viendo un cigarrillo humeante al borde del cenicero, pensando en todo lo hecho por la vida y de lo orgulloso que me debería sentir por ello (aunque no lo crean, poco no es) a las 12 de la noche de un miércoles de enero, escuchando alguna canción antojada en ese exacto momento del universo videomusical llamado Youtube®... de esa manera, imagino (y planeo) el recibimiento de ese cuarto de siglo que ya viene pesando en mis espaldas. Veinticinco años nomás cholo, veinticinco años de compartir momentos con gente que ahora extrañas, veinticinco años de haber realizado y vivido las más increíbles (y porqué no estúpidas) aventuras de tu vida, veinticinco años de haber crecido en físico (y tal vez no en mente, a veces), académico y profesional, veinticinco años de tantas anécdotas, vivencias, recuerdos y experiencias (las más sublimes y las más perversas), veinticinco años de... de ser Yo mismo.
Es duro llegar a esa edad sin tener tantas preguntas en la cabeza: ¿dónde estaré en los próximos 10 años? ¿y en los próximos 15? ¿lograré conseguir los objetivos que me he trazado? ¿llegaré a ver a mis futuros (bien futuros) hijos crecer con un mundo en paz y sin necesidades? ¿habrá alguien en el mundo más jodido que yo? ¿me quedaré en Europa tanto como lo espero? ¿el Perú podrá, finalmente, llegar a un mundial de futbol? Son tantas preguntas, tantas respuestas en condicional, tantas ideas y ninguna respuesta existencial certera que pueda brindarme esa paz interior de la cual vengo teniendo tanta sed (al mismo estilo del buen "Cuto").
Creo que, sin embargo, la pregunta principal que ronda por mi cabeza en este exacto momento es (y la tercerizo): ¿Alguna vez se han preguntado cuánto puede llegarse a deprimir un hombre por cumplir años? Creo que para algunos hombres menopáusicos (curioso término aprendido de mi estimada Marina), el pasar la barrera de los veinte ya debió haberles significado uno que otro soponcio, pero a mí, sinceramente, esas cosas no me son tan propias (ni tampoco tan ajenas, claro está), tal vez lo que sí sienta (y probablemente con mayor intensidad en estos días cercanos) es una ligera decepción de mí mismo, decepción por no haber aprovechado ciertas oportunidades e incluso haber malgastado algunas otras (con las consecuencias que conocen algunos de mi círculo más cercano). Pero en general estoy seguro de haber vivido de la manera que quise y se me antojó. Al fin y al cabo, fue la manera más divertida en la que pude vivirla y la única que conocía, no?
Por otro lado, no comparto la idea que mientras más viejo te vuelvas más sabio serás, pero de lo que si estoy seguro es que cuando te encuentras ante una situación respecto de la cual ya has tenido cierta experiencia (directa o indirectamente), la buena cabeza que tengas te indicará que determinadas actitudes, emociones, y, en general, toda respuesta fisica y espiritual ya vivida y sentida contra ese estímulo no podrían ser del todo acertadas si las pretendes aplicar una otra vez, más aun cuando ya sabes que LA actitud que tuviste en ese momento dado te trajo malisimos resultados. Comparto en este punto, la moraleja que algún día me dió un buen amigo: intentar pasar una pared teniendo una puerta y no utilizándola por primera vez, es perdonable por el desconocimiento, la siguiente vez es imperdonable por la necedad.
Finalmente, estoy casi convencido de que la naturaleza es sabia y el permitirnos envejecer todos los años un año más (por paradójico e incoherente que eso suene) es dado como una nueva oportunidad de ver y vivir la vida, de poder sentir, por ejemplo, la frangancia de una flor o el sabor del agua que tomamos. Oportunidades para vivir existen, y muchas, pero para vivirla de la manera cómo la querramos vivir sólo existe una, y es de la forma en la cual nosotros mismos la imaginemos y la volvamos realidad. Como dice nuestro buen amigo César Soto: "La vida no es probablemente la fiesta que esperábamos, pero mientras estemos aquí, sólo nos queda bailar".
Y bueno, feliz cumpleaños a mi, no?
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BONUS TRACK: Muchas gracias a todos por los saludos y buenos deseos de Navidad y Año Nuevo, he estado un tanto ocupado entre mis reconfortantes vacaciones en la muy linda ciudad de Estocolmo y mis exámenes finales restantes (a propósito de eso ¿a quién carajos se le ocurre programar exámenes después de las vacaciones por Dios Santo?), además, y con la sinceridad que me caracteriza, estuve con una flojera de la granputa. Pero ya me recuperé y seguiré posteando como todos los miércoles de este nuevo 2011. En verdad, espero que todos ustedes la hayan pasado tan bien como yo y que este nuevo año sea de muchos éxitos y progresos.
Como regalo atrasadito de Navidad les dejo este videito para que se diviertan un poco, refleja más o menos lo que pasó por mi cabeza cuando me encontré en las "cálidas" tierras nórdicas de Suecia.
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